
¿Qué haces?¿No vienes?
Vete tú, yo me quedaré al sol.
Le dije a Cesare que vendrías.
¡No! No me hagas esperar una hora.
Sólo diré hola.
Gina se queda sola sentada en un murete.
Caen piedrecitas cerca de Gina, viene de lo alto de un torreon.
¡Te he visto!
Es inútil esconderse.
Asoma una niña:
Estoy encerrada.
Baja, o se lo diré a tus padres.
¿Cómo? Se han ido todos.
Aquí no hay nadie.
Gina se acerca al porton de la casa:
Sé que estás ahí.
¡Sal!
¿Por qué no respondes?
La niña asoma en lo alto del muro:
¿Dónde ha ido tu novio?
¿Por qué no te peinas?
Pareces una bruja.
Tienes un pelo tan bonito.
Esta es la calle de los novios.
Conozco un sitio bonito.
Hay muchos árboles.
¿Quieres que te lo enseñe?
¡Lucia cose el lino,
da la vuelta al papel
y ve a Arlequín!
Arlequín salta y baila...
¿Quieres enseñarme éso?
¿Cómo es?
Es Lucia que cose el lino,...
da la vuelta al papel...
(La niña sigue cantando)
... y ve a Arlequín...
¿Cómo te llamas?
(La niña sigue cantando)
¡Para!
(La niña sigue cantando)
¡Para!
(La niña sigue cantando)
Basta.

Un pequeño quiosco-café anochece:
Siempre es un error volver.
Las cosas nunca son lo mismo.
Ni la gente, ni los lugares...
Qué tardes tan largas.
Qué largas son las tardes en Parma.
Esta noche vuelvo a Milán.
Todo lo que me queda es Cesare.
Al menos está aquí.
Me siento como un gorrión en Piazza Grande.
Los que picotean debajo de la estatua de Garibaldi.
¡Cesare es mi Garibaldi!
Incluso él tiene un pedestal.
Me quedaré muy solo si te vas.
¡Pero no lo harás!
A las tías deberían respetarlas
y dejarlas en libertad.
¡Es tan difícil que te entiendan!
Debes permanece por mí,
pero debes quedarte por ti misma.
Comprendo.
Debo quedarme para aprender italiano.
Luego me iré.
Para siempre...
Pero ahora tienes que fingir que me necesitas.
Es una mentira...
... pero lo haré.

¿Por qué estás tan callado?
¡Habla!
No me mires así.
Es inútil, ¿qué puedo hacer?
¡Quería hacerte reír!
No pienses más en ello.
¿No lo entiendes?
¡Si te lo digo es porque lo sé!
Incluso en el funeral... de mi pad...
De tu abuelo.
He soñado con su muerte a menudo.
En el sueño yo también me moría.
Pero me lo maginaba de una manera diferente.
Porque la realidad es mucho peor.
Uno piensa en ello, se prepara para ello.
Uno se prepara
...¡y entonces no es capaz de afrontarlo!
No se puede encajar esa clase de dolor.
Lo habrías entendido.
Ni siquiera me vestí de negro.
No creí que importara.
Estaba tan cercana a él.
Es asombroso hasta qué punto te sientes viva
cerca de la muerte,
hasta qué punto no puedes compartir
la muerte con los muertos.
Entra con ellos en su ataúd.
¡Te sientes más viva que nunca!
Necesitas moverte.
Hablar.
Mover los brazos, las manos...
Y yo quería consolarte.
El padre abre la puerta de Fabrizio:
Yo no voy.
¡No te pongas así!
Vete, yo me quedo con él.
Gina y Fabrizio se quedan solos en el coche.
¿Qué estás haciendo?
Nada...
Busco una salida de aquí porque
no te das cuenta de que existo.
¿Qué haces todo el día en Milán?
Nada...
Transmito pensamientos.
¡No fallo nunca!
Toco el triángulo.
Me baño 3 veces al día.
Siempre lloro,...
siempre me río.
…
La última vez que nos vimos fue en otro funeral.
No hablamos, me fui sin despedirme de ti.
Me ayudaste con el abrigo, ¿te acuerdas?
He estado todos estos años en Milán, ¿dónde creías que estaba?
A veces hablaban de ti.
Eras pequeño y yo estaba creciendo.
¡No creo que vaya a crecer más!
No me gustan los mayores, los adultos, nunca son atractivos.
Ni siquiera yo soy atractiva.
Ni un poquito.
¡Tú tampoco! ¡No escuchas, pero al menos podrías mirarme!
¿Sabes montar en bicicleta?
¡Pues claro, antes corría!
¿Alguna vez te escapaste de casa?
No lo necesitaba.
Basta con quedarse en casa cuando los demás salen.
Y si los demás se quedan en casa...
...¡entonces tienes que escaparte!
Me hice famosa por cosas así.
Pero ya no impresionan a nadie, todo el mundo se ha acostumbrado.
Lo siento...
"Agostino era rubio. Su pelo era como las plumas de un canario."
¿Es eso lo que dijiste?
Me gustaría que alguien hablara de mí como tú hablas de él.
Pero no ocurrirá nunca.
Así que lo hago yo misma.
Lo siento.
Estas condolencias llevan tanto tiempo.
¿Qué dicen?
¡Las mismas frases hechas de siempre!
…
¿Por qué no te gustas a ti misma?
¿Por qué no te gustan los adultos?
¿Quién te ha dicho eso?
Me gustan mucho.
Alto, rubio...
No es cierto que sepa montar en bicicleta.
…
Me caigo.
Agostino era rubio, de pelo fino.
No parecía pelo.
Se parecía más bien a las plumas de un canario.
Tenía una perilla rubia y rasgos finos.
Como un noruego, pero con ojos de loco.
Como un autoestopista de esos.
Sabes que todavía estoy aquí.
Agostino cambia de escuela todos los años.
Incluso dos veces al año si le expulsan.
Sus padres dicen que todos los internados son iguales.
Todos son buenos, siempre que estén en Suiza.
Sólo tiene 20 años, pero es una leyenda viva.
La gente decía de todo sobre él, era como un mito.
Incluso Agostino creía en su propio mito.
A veces utilizo las palabras de Cesare, en vano,
con la esperanza de que sean más claras que las mías.
Y pensar que ni siquiera yo, con la pretensión de ser su profesor,
he entendido jamás nada acerca de Agostino.
Se escapaba con frecuencia.
¿Dónde iba?
¡Ya era mucho si llegaba a Bolonia o Milán!
Cuando volvía le prestaba mis libros.
Todos inadecuados para él.
¡Pobre!
Al borde de una charca un monton de ropa en el suelo. Un policia la recoge. Luego intenta meter la bicicleta de Agostino en el asiento trasero de un coche, no entra, un policia se lamenta y se dirige a Fabrizio:
Policia: Es imposible, no sirve.
Llévatela a casa.
Tenemos que irnos. Lo siento.
Fabrizio se acerca a la charca donde se bañan unos niños y pregunta:
¿Quién se ha ahogado?
Niño saliendo del agua: El hijo de Bertoli.
Fabrizio agarra al niño: ¿Lo has visto?
¿Te parece justo? Debe de haber hablado con alguien.
El niño llama a un camion en la otra orilla: Enore ¡Por aquí!
¿A quién llamas?
Niño: A mi hermano mayor.
Enore cruza la charca a nado:
¡William! He encontrado trabajo.
Niño: ¿Dónde?
Enore: Por aquí, cargando camiones. Estoy empapado.
¿Has estado antes aquí?
Enore: Pues sí.
Entonces lo habrás visto todo.
Sí, lo he visto todo.
Allí, donde el agua es más profunda.
Estábamos aquí, hablando.
Él estaba de pie donde tú estás ahora.
Me preguntó: "¿El agua está fría?"
"Al principio sí, luego te acostumbras."
¿Es usted un familiar?
No, un amigo.
Dijo: "Acabo de comer."
"No pasa nada si acabas de comer, luego sí que está mal."
Los chicos llaman a Enore y a su hermano para irse.
Enore: ¡Ya voy!
Esos chicos siempre nadan después de comer.
Nunca ha ocurrido nada.
Parece que los caballeros son más delicados.
Se quedó allí de pie en calzoncillos
y yo me reí porque se le estaban congelando los pies.
Se fue para allá, al lado del pilón.
Entonces te habló. ¿Te contó algo?
Me dijo: "es mi primer chapuzón de este año."
Enore y su hermano se alejan en bici.
Fabrizio al niño: ¿Cómo te llamas?
Niño: William.
Fabrizio: ¿Enore? ¿Cuántos años tienes?
Enore: 17.
Fabrizio: ¿Dónde vives?
Enore: En las chabolas.
La habitación de Gina por la noche,
ella entra, se quita el abrigo y los pendientes,
se sienta en la cama y comienza a extender fotos por ella.
Son fotos de su infancia y juventud, las pone en fila.
Una a una les da la vuelta.
Madre: Tienes buen aspecto.
Gina: Tú también.
Madre: Me gusta el peinado que llevas.
Ambas recorren el pasillo y entran en el salon donde esta el padre de Fabricio y su hermano pequeño, dormido en la mesa sobre una libreta.
Padre: ¡Mira quién está aquí!
Gina: Hola, Domenico.
Padre: Bienvenida. ¿Cómo estás?
Gina: Bien.
Padre: ¿Has tenido buen viaje? ¿Cómo está el tiempo en Milán?
Madre: Se ha quedado dormido mientras hacía los deberes.
Entra Fabricio y besa a su tia.
Fabrizio: Hola Gina.
Gina: Fabrizio.
Fabrizio: ¿Cómo estás?
Gina: Bien.
Fabrizio: Tengo que salir, tengo una cita.
Padre: ¡Con tus camaradas! ¡Camaradas y además tarta!
Fabrizio: Sí, exacto. Hasta mañana. Ciao, tía.
Madre: ¡No llegues tarde!
Sale Agostino montado en su bici y al ritmo de una musica circense hace cabriolas con la bici, cayendose.
Quédate aquí
se cae
¡Esta es por mi padre!
se cae
Y esta por mi madre.
se cae
¡Y esta es por mí!
Fabrizio se acerca a Agostino
¿Cuál es el problema?
¡El vino es bueno!
Venga, vámonos al cine a ver "Río Rojo".
No, tienes que ir a ver a Cesare.
¡Vete, no puedes llegar tarde!
¡Vete, te está esperando, vete!
Agostino se aleja musitando:
Mierda, Mierda, Mierda...
Fabrizio y Agostino conversan, al borde de un rio con una gran reja.
La gente que huye de casa
me hace reír,los que quieren escapar.
¿Por qué?
Porque es infantil.
Lo que estás haciendo es demasiado fácil.
Te rechazas a ti mismo, te quejas, huyes.
Tienes que luchar desde dentro.
Quieren atarte y corres.
¡Pero hay otra forma!
¿Cuál?
No soy capaz.
Irme de casa ya es mucho para mí.
¡Y no te rías de mí!
Si piensas que tu padre es un ladrón,
un oportunista,
un hipócrita,
que tu madre es idiota.
¡Nunca he dicho eso!
Lo entiendo.
Puede que mi padre sea un ladrón y mi madre idiota,
pobre mujer, tan tonta que no alcanza a entender nada ni a nadie,
¡pero tú cállate, entiéndelo, y cállate!
¿Qué derecho tienes a juzgar a los demás?
Agostino se aleja tirando de su bici, se gira y grita:
Y tú, ¿tú qué harías?
¿Qué crees que estás haciendo?
¿La revolución?
Clelia.
Siempre habíamos ido paso a paso, estábamos hechos el uno para el otro.
Pero Clelia es la ciudad.
Clelia es esa parte de la ciudad que he rechazado.
Clelia es esa dulzura de vivir que no quiero aceptar.
Agostino espera a Fabrizio en la puerta de una iglesia:
¡Fabrizio! La he encontrado, está aquí con su madre.
Fabrizio entra en la iglesia y entre las columnas mira a Clelia:
Por eso, en un último y desesperado acto de amor,
he mirado en todas las iglesias,
buscando a Clelia.
La encontré y quise mirarla por última vez.
¿Qué hora es?
Las tres en punto.
Tienes que sacarte el carnet del Partido.
Porque puede ser útil para todo, la política, incluso la poesía.
Entonces todo lo que hagas o digas tiene un significado.
Si cometes un error, entonces tus errores tienen un sentido.
Antes vivía en una angustia constante,
una especie de sentimiento de culpa.
Cesare me ayudó a superar esta cobardía. Me gustaría ayudarte.
No te vayas de casa sólo para volver.
Es peor que eso.
Cesare me esta esperando.
Hasta mañana.
Agostino se aleja en su bici, Fabrizio le grita desde lejos:
¡Agostino!
¡Vete al cine,están pasando "Río Rojo"!
¡No te la pierdas!
Fabrizio corre entre la gente por Parma:
Allí, me muevo entre figuras que van sin ritmo, remotas.
Figuras para las que antes sólo existía la Iglesia, para las que el catolicismo ha ahogado cualquier deseo de libertad.
Estos son mis iguales, los burgueses de Parma, los de la masa cotidiana.
Me pregunto si alguna vez nacieron,
si el presente resuena en su interior
tal como resuena en el mío
y no puede consumirse.
Planos areos de Parma, continua la voz de Fabrizio:
Como en un sueño me encuentro ante las puertas de la ciudad, los bastiones, los portones del peaje, los campanarios como minaretes, las cúpulas como colinas de piedra, los tejados grises,
las terrazas abiertas, y debajo las calles, los barrios, las plazas, la Plaza, y en medio, el río, el Parma, que divide las dos ciudades, la rica de la pobre.
Y otra vez la Plaza, tan en el centro de la ciudad, pero tan cerca del campo, que algunas noches se puede oler la paja.
La plaza, que se parece a la arena de un circo amurallado cuando estás dentro.
Fabrizio corre mientras la camara enfoca su rostro, su voz suena:
Y así vine a ti, Iglesia. Sostenía en la mano con firmeza a Pascal y los Cantos Griegos.
"La Resistencia se deshizo con nuevos sueños del sueño de las regiones federadas en Cristo y su dulce ruiseñor en llamas. Malditos aquellos que no saben que esta fe cristiana es burguesa en cada uno de sus privilegios, en cada rendición, en cada subyugación. Que el pecado no es más que el crimen de las turbadoras certezas diarias odiadas por el miedo y la aridez. Que la Iglesia es el desalmado corazón del Estado."






